Lo sabía.

Lo sospechaba.

Lo intuía.

Lo predecía.

Lo presagiaba.

Lo presentía.

Lo percibía.

Lo vislumbraba.

Lo suponía.

Que serías tu el que…

Me apoyaría.

Me querría.

Me aguantaría.

Me mimaría.

Me besaría.

Me arroparía.

Me cuidaría.

Me alegraría.

Me enamoraría.

 

Lo sabía,

Que no me equivocaría,

Que a ti te elegiría,

Que una y mil veces más lo haría.

 

 

 

Abril

Abril.

Alegrías mil.

Tu sol en mi jardín.

Yo para ti y tu para mi.

 

Abril.

Sonrisas mil.

Tu allí y yo aquí.

Unidos hasta el fin.

 

Abril.

Besos mil.

Mirada elegante y sutil.

Juntos dispuestos a algo construir.

 

Abril

Abrazos mil.

Los dos bajo un mismo perfil.

Momentos especiales vivir.

 

Abril.

Caricias mil.

Risas fieles con sabor juvenil.

¡Qué suerte la mía, de contigo coincidir!

 

Abril.

Gracias mil.

Renacer

Y de repente va la vida y te sorprende.

Y todo aquello que creías muerto comienza a vivir.

Y una ráfaga de energía pura barre por completo la maleza.

Y todo empieza a florecer.

A resurgir.

A dar color.

Y algo dentro de mí se reactiva.

Se estimula.

Se aviva.

Se propicia.

Y tú me miras.

Y lo fortaleces.

Lo impulsas.

Lo vitalizas.

Y sonríes.

Y mis sentidos vuelven a la vida.

Volver

Pasó.

Algo cayó

De repente.

Un sonido ensordecedor, estremecedor, aterrador.

Hacia tanto que no lo oía…

Pero sucedió.

Aquel día.

Y ahí me encontraba yo.

Expectante, asombrado, anonadado, estupefacto y maravillado.

Había vuelto a ocurrir.

Algo dentro de mí se caía a pedazos. Algo sólido, compacto, firme y consolidado. O al menos eso creía.

Mi muralla, mi bloque, mi escudo y todo aquello construido durante largo periodo de tiempo se venía abajo, cual castillo de arena derribado por la fuerza del mar.

Supongo que así tendría que ser algún día, pero estoy seguro de que no lo esperaba, no estaba preparado para que sucediese.

Y ahí seguía yo.

Y Ed Sheeran retumbaba en mi mente. Al igual que empezaste a hacerlo tú.